El alzamiento de la espina del cielo.

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(...)Al llegar la distinguida pareja real a la entrada resaltada de la arcaica fortaleza de mampostería reforzada,sir Susthin hizo una cortes reverencia y dejó en manos de los astutos cortesanos al ilustre Alto Rey y a su incondicional esposa para que los acompañaran al alto torreón rodeado de puentes inclinados con arquerías. Por fortuna,no se reuniría un nuevo Consejo de Barones hasta el comienzo de la próxima lunación, y eso lo libraba de los apremiantes deberes con los que aquéllos acalorados parlamentos cargaban a su posición. Por lo tanto esa noche podría andar libremente y sin pesares de conciencia por las oscuras callejuelas dónde un maltrecho y casi descolgado cártel de madera vieja y semipodrida pregonaba la presencia del viejo bodegón del Zapatero Gandul;la envilecedora taberna dónde tantas inacabables noches había malgastado,entré trovas dulces y cerveza amarga con la grata compañía del hombre a quién conocía por el nombre de sir Zhuniel*Theion Shaten.
El alborotado ambiente que se podía respirar al descender por las rechinantes escaleras que albergaban a los adormilados y ebrios parroquianos en cada oscuro recodo encubría también a los sucios golfos y golfillas,con manos vivaces rebuscaban ávidamente entré las gastadas ropas de aquéllos que poseían una menor tolerancia a los licores aguados que en aquellos barrios acostumbraban a servirse. No había sin embargo más provechoso futuro en aquéllas picarescas prácticas que una mísera vida de pedigüeños,bajamanos y meretrices de miradas embaucadoras y traicioneras y era precisamente esa ralea desdeñada por cualquier andoba de supuestas buenas maneras lo que más atraía y reclamaba a esos mismos hipócritas individuos que,cuando el ardiente sol por fin  apagaba sus luces,dejaban que los tenues candiles de quiénes se ocultaban de la claridad verdadera alumbrasen u oscureciesen a su caprichoso antojó cualquiera de sus actos velados.
Por lo tanto,no resultaba una visión inusual que muchos de los inexpertos o ingenuos bebedores que abandonaban el vicioso bodegón lo hicieron llevándose la mano a una cabeza dolorida pero, en justa compensación aligerada de la carga de cuidar de una bolsa escandalosamente llena de escudos reales. El propio sir Susthin,que mucho había frecuentado estos siniestros lugares en días pasados,había perdido alguna que otra vez mucho más que la decencia entre los sudorosos muslos de alguna pelandusca zalamera; y ver que tras las puertas del Zapatero Gandul no se habían perdido los tramposas manos le resultaba  a la vez tremendamente cómico y reconfortante.
Pero no era ése el verdadero motivo por el que los desvelados esbirros corrían en numerosos grupos por las calles adoquinadas, con llameantes antorchas en alto y las mazas de hierro desnudo agarradas con fuerza por sus manos encallecidas pues,tal y como Mirthel habría predicho la jornada anterior, el reservado gremio de comerciantes pretendía, al amparo de la cómplice oscuridad cobrar de una vez sus abusivos aranceles con sangre y fuego. Desde luego,caviló el capitán de la renombrada Orden Falcónida para sí mismo,esa noche iba a ser sangrienta y difícilmente olvidada por los huesos magullados de los ciudadanos del turbulento barrio oriental. Pero no consistía su empresa en dar violentos golpes ni,mucho menos recibirlos y dejar que le quebrasen la sesera;y también era por completo verdadero que nunca había anhelado aquél tipo de menesteres.
La ruidosa puerta entreabierta dejaba escapar,junto a un calor húmedo y sudoroso,el irritante humo oscuro del tabaco y el acre olor a lujuria y alcohol que apalabraban placeres prohibidos a quiénes se aventurasen a descender sus inseguros escalones y llevasen consigo suficientes monedas para gastar o para perder;y,de igual manera que la nariz era obsequiada desde la distancia,también eran asaltados los oídos con fuertes gritos estruendosas risotadas y canciones desafinadas.
Entonces, discretamente arropado con un vulgar sayo que no delataba su posición, sir Susthin se entremezcló con el nutrido populacho y,en su camino al neblinoso salón hubo de apartar a manotazos a los hombres y mujeres que se le echaban encima con el propósito ruin de emprobecerlo para enriquecerse ellos a su vez. En el interior,sobre una tarima improvisada con tablones viejos y sillas que no innecesariamente se encontraban desocupadas,un ronco trovador cuya indumentaria era aún más vieja que él acompañaba el canto de su voz afónica con sus habilidosos dedos en una desconchada cítara. A pesar de la fuerte cerveza que ya había trasegado,no bastaba ésta para menguar su formidable pericia con las bucólicas trovas pastoriles,complaciendo así a aquéllos apegados a él que se prestaban voluntarios para ayudarlo a dilapidar sin prudencia todo lo que recaudaba merced a sus versos.
Que viene el lobo,
que viene el lobo;
y se come a las ;ovejas,
que viene el lobo.
Y las lindas pastorcillas,
ven con miedo,pobrecillas;
que viene el lobo.
Si viene el lobo,
si viene el lobo;
y les mata las corderas,
si viene el lobo.
En el pueblo no hay redaños,
que protejan sus rebaños;
si viene el lobo.
Ya viene el lobo,
ya viene lobo;
y su aullido es espantoso,
ya viene el lobo.
Sus sollozos lastimeros,
piden héroes caballeros;
ya viene el lobo.
Está aquí el lobo,
está aquí el lobo;
y les muerde los tobillos,
está aquí el lobo.
Nunca es hora mala
que un jinete haga su gala,
está aquí el lobo.
Se escurre el lobo,
se escurre el lobo,
y los perros lo persiguen ;
se escurre el lobo.
Con el bravo abanderado,
corre libre el ganado,
se escurre el lobo.
Ha muerto el lobo,
ha muerto el lobo,
y el peligro ya ha pasado;
ha muerto el lobo.
El gentil hombre maravillas,
y hacen fiestas las chiquillas;
ha muerto el lobo.
Lalalala.
Que viene el lobo...ha muerto el lobo.
que viene el lobo...que viene el lobo.
La alegre melodía no era para nada desconocida,pues era una de las tonadas populares más repetidas en fiestas y verbenas;y hasta el propio mesonero la coreaba al mismo tiempo que le servía a sir Susthin una turbia y robusta cerveza en un jarro de barro que amenazaba con quebrarse en cualquier momento por una ostentosa fisura que la surcaba de arriba abajo. El curioso capitán pagó su espumosa bebida y de paso,invito también a un desdentado pordiosero que patéticamente acostado y pisoteado bajo las goteras del abarrotado mostrador, se había enganchado a las botas de montar de sir Susthin balbuceando una inteligible súplica que no podía implorar cualquier otra cosa que no fuera una jarra de bebida espumosa.
Una vez estuvo servido,la mirada curiosa e inquisitiva del capitán de la orgullosa Orden Falconida buscó a su antiguo e incondicional  compañero y amigo;y tal como esperaba acabó siendo aquél al que buscaba quién salió finalmente a su encuentro.
Mirthel a quién el camuflado capitán conocía por su nombre de caballero,se aproximó a él abriéndose paso entré el tumultuoso gentío. Caminaba relajado,con ambos brazos a la vista y la capa abierta para demostrar que no ocultaba ninguna arma secreta u otra certera intención; pero lo que en realidad atrajo la atención de sir Susthin fueron las ojerosas facciones y el gesto apagado que lucía el tosco semblante del cetrero. No eran diferentes a aquéllas con las que cargaba con mucho pesar el lejano día que lo abandonó todo sin dar parte a nadie para no ser vuelto a ver hasta ahora; pero,desde luego no eran las mismas que el antiguo capitán en todo momento había acostumbrado a lucir antes de la batalla de Naeco,el aciago suceso que lo cambio para siempre.
-Capitán.-Saludo sir Susthin tendiéndole la mano en cortesía.
-Os equivocais,sir Susthin-dijo Mirthel.-Ahora vos sois el capitán.
-He servido bajo vuestro mando-advirtió el curioso sir Susthin- y siempre os tendré por mi superior.
-No hay mayor complacencia que el respeto ganado y no impuesto. Pero esta noche mejor que no haya rangos ni capitanes,¿de acuerdo?.
Sir Susthin asintió con su franca sonrisa.
-Vayamos a ocupar una mesa-dijo.
Los dos viejos amigos ocuparon la esquina de una mesa medio apartada cuya mitad más luminosa estaba ocupada por una animada cuadrilla que apostaba monedas gastadas y salpicadas de una cerveza o incluso sangre en arriesgados juegos de azar cuyos máximos arbritios eran unos mellados dados de madera de dudosa procedencia.
-¿Cuándo fue la última vez que bebimos junto ?-preguntó sir Susthin,echando con su famosa memoria un rápido vistazo al pasado.
-Lo que es seguro es que el requisito vinoso de esta cerveza no ha cambiado-dijo Mirthel tras un largo trago.
-Vos sois quién siempre ha preferido el vino a la cerveza-rió el capitán-Eso os hacía parecer un hombre de mayor alcurnia.
-¿Era por eso?-rió también Mirthel.
Entonces las francas y bien necesarias risas de aquéllos antiguos camaradas que acababan de reencontrarse tras mucho y largo tiempo sin verse,fueron repentinamente estorbadas por el patoso jugador que,persiguiendo un dado extraviado trastabilló con embriagada torpeza y se abalanzó sobre sir Susthin perdiendo el equilibrio.
-¡Quedaos en vuestra esquina patanes!-reprochó el molesto capitán al ver su pegajosa bebida derramada sobre la mesa.Reforzó además su airada protesta empujando al zoquete entrometido de vuelta a su rincón.
-Esa media jarra ya no os la tendréis que beber-dijo Mirthel con tono jocoso.
-Tendré que ir a buscar más si hemos de recordar viejos tiempos hasta el amanecer.
Antes de que el enfurruñado capitán pudiera hacer el ademán de levantarse,Mirthel le sujetó con firmeza el nervudo brazo para impedírselo.
-Ni he regresado sólo para beber con vis-dijo.
-Bien púes, viejo amigo-dijo sir Susthin-Hay mucho que la intriga me urge averiguar.
-Además de la amistad que nos une-explicó Mirthel-,ahora que ocupais mi antiguo cargo os encontráis muy próximo al Alto Rey.
-Cuidad vuestras palabras sir Zhuniel-dijo sir Susthin torciendo el gesto con los curiosos ojos entornados-.Hay cosas que puedo no querer escuchar.
-Por fortuna ni tengo yo tampoco intención de pronunciarlas-lo tranquilizo Mirthel-He estado con anterioridad en la incomoda posición donde vos estáis ahora,y no pretendo cargaros con esos pesares.
-Explicaos,púes-pidió el leal capitán, desechando la poca cerveza que quedaba en la jarra ya quebrada.
-En mi...exilio-dijo Mirthel entré dientes-,encontré un hombre que necesitaba audiencia con el Alto Rey.
-¿Que hombre?.
-Un hombre de lo más enigmático,que oculta más de lo que muestra.
-Pues menudo pájaro debe estar hecho este tunante-dijo entonces el capitán-No debería desentonar mucho si lo mezclasemos con una caterva como esta.
Las despectivas palabras de sir Susthin se referían a los ebrios malandrines que habían dejado ya la picaresca del juego a un lado para aporrearse unos a los otros en busca de una ganancia más segura.
-Es un granuja extraño-dijo Mirthel-De alguna manera si que desentonaría; aunque por otro lado...
-Yo no puedo autorizar ese encuentro-quiso zanjar el espinoso tema el capitán-.Estoy al cargo de la seguridad de lord Anadiel.
-Lo se,sir Susthin,lo se.Esa desicion no nos corresponde tomarla a ninguno de nosotros dos.Lo que pretendo es que le pidáis al Alto Rey que se reúna conmigo a solas.Le expondré el hecho y me atendere a su desicion.
-Pero la discutiréis si no os satisface-apuntillo sir Susthin.
Recordando cómo se había comportado Mirthel en el distante pasado,obligando a menudo al solemne Alto Rey a hacer la vista gorda para no tener que mandarlo azotar,los dos amigos comenzaron a reir sin lograr controlarse,pese a los muchos esfuerzos que hacían para no perder la dramática compostura.
-Lo haré-dijo Mirthel-,vaya si lo haré.Pero eso ya no nos incumbe.Lo único que vos tenéis que decidir,y que será cargo de vuestra conciencia,seta un encuentro con el Alto Rey solamente conmigo.Lo que el decida ya no será responsabilidad vuestra.
-Se que el Alto Rey estará de acuerdo con veros,sir Zhuniel.Pero,¿ porque no pedís una audiencia con él? Me escama tanto secreto.
-De sobra sabéis que Lord Thenev es el canciller-aclaro Mirthel con un desprecio no disimulado.
-Lo sé.
-No me gusta ese hombre.Nunca me ha gustado,y prefiero que lo que tengo que revelar al Alto Rey no llegue nunca a sus oídos.
-Pues sus oídos son los oídos de monseñor Lamen-apunto el capitán.
-Veo que me entendéis a la perfección-asintió Mirthel con sostenida aprobación-Procuradme una cita secreta con lord Anadiel.Acudiré solo, sin armas y vos podréis  estar presente.
-¿Me incumben a mí, acaso, los asuntos de los reyes y gobernantes?-pregunto sir Susthin,todavía visiblemente suspicaz.
-Debéis velar por el Alto Rey. Además, considero que a vos también os debo algunas de las mismas aclaraciones que le debo a él.
-¿Por qué no me lo esclarecisteis entonces?
-Estaba perdido,sir Susthin-dijo Mirthel-creo que ahora puede que por fin me haya encontrado.
-Brindo por ello,amigo-dijo sir Susthin levantando su jarra medio derramada-.Aun así, temo que hayáis llegado tarde para mí. Entonces os habría seguido al final de todas las cosas;pero ahora ya no estoy en posición de hacerlo.
-Lo sé y lo entiendo-dijo Mirthel-.Yo no he vuelto para quedarme.
-Pero si que habéis regresado con tantos enigmas como afirmais  que pose el hombre que representáis.
-Todo será revelado, sir Susthin.Ahora, si os place,bebamos y recordemos buenos tiempos como viejos amigos.
-Lo somos -asintió el capitán-.En verdad lo somos. Beberemos,reiremos y quién podría decir en que o en quién acabaremos por vaciar nuestras bolsas antes de que el tímido sol se eleve y se ruboricé a la vista de nuestro libertino proceder.
Y así lo hicieron. Encargaron más cervezas de oscuro color a la licenciosa servidora que siempre terminaba por dar mas de lo que pretendía, nunca con tino,recibir; y, tras contar y volver a contar las mismas y jocosas antiguas historias una y otra vez,los desperezo la algarabía del amanecer con los nudillos raspados y las cabezas doloridas sin conocer el motivo, dormitando con impúdicas mujeres que no eran las suyas.(...)

El alzamiento de la espina del cielo.
(tomado de la Edición promocional)
José L.Cancelo Enriquez.

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