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Mostrando entradas de 2018

¡Arde,bruja,arde!

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                       Capítulo 8   El Diario de la enfermera Walters (Pag.55-62) Abrí el libro. Lo que sigue son las partes que guardan relación con la materia que nos ocupan. 3 NOV. Extraña experiencia la de hoy. Bajé a Batten Park para ver los nuevos peces del Acuario. Tenía cerca de una hora y la pasé merodeando por las callejuelas viejas, buscando algo para llevarle a Diana. Encontré la más insólita de las tiendas. Se veía rara y antigua, pero tenía en el escaparate algunas de las muñecas y también de los vestidos de muñecas más bonitos que jamás había visto. Me quedé mirándola y me puse a fisgar la tienda a través del cristal. Había una chica en la tienda. Me daba la espalda. Se volvió rápidamente y me miró. Me dio un susto de lo más espantoso. Tenía la cara blanca, sin color alguno, y los ojos abiertos como platos, como asustada. Tenía una gran mata de cabellos, todos rubio ceniza, amontonados en la cabeza. Me par...

El extranjero.

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             Segunda parte                            I (Pag.20-22) Inmediatamente después de mi arresto fui interrogado varias veces. Pero se trataba de interrogatorios de identificación que no duraron largo tiempo. La primera vez el asunto pareció no interesar a nadie en la comisaría. Por el contrario, ocho días después el juez de instrucción me miró con curiosidad. Pero me preguntó, para empezar, solamente mi nombre y dirección, mi profesión, la fecha y el lugar de nacimiento. Luego quiso saber si había elegido abogado. Reconocí que no, y simplemente por saber, le pregunté si era absolutamente necesario tener uno. «¿Por qué?» dijo. Le contesté que encontraba el asunto muy simple. Sonrió y dijo: «Es una opinión. Sin embargo, ahí está la ley. Si no elige usted abogado nosotros designaremos uno de oficio.» Me pareció muy cómodo que la justicia se encargara de esos detalles. Se...

El Perfume.Historia de un asesino.

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8.                        (Pags.40-47). El 1 de septiembre de 1753, aniversario de la ascensión al trono del rey, en el Pont Royal de la ciudad de París se encendió un castillo de fuegos artificiales. No fueron tan espectaculares como los de la boda del rey ni como los legendarios fuegos de artificio con motivo del nacimiento del Delfín, pero no por ello dejaron de ser impresionantes. Se habían montado ruedas solares en los mástiles de los buques y desde el puente caían al río lluvias de estrellas procedentes de los llamados toros de fuego. Y mientras tanto, en medio de un ruido ensordecedor, estallaban petardos y por el empedrado saltaban los buscapiés y centenares de cohetes se elevaban hacia el cielo, pintando lirios blancos en el firmamento negro. Una muchedumbre de muchos miles de personas, congregada en el puente y en los "quais" de ambas orillas del río, acompañaba el espectáculo con entusiasmados "ahs", "ohs", "bravos...