La religiosa.

He aquí el efecto del retiro.El hombre ha nacido para la sociedad; separadlo,aisladlo se dispersarán sus pensamientos, trocarase su carácter,se levantarán en su corazón mil exraños afectos;pensamientos extravagantes germinarán en su mente cómo las zarsas en una tierra salvaje.Poned a un hombre en la selva,se volverá feroz;en un claustro en el que la idea de necesidad unese a la servidumbre,es peor aún.Es posible salir de una selva,de un claustro no se salé nunca más; en la selva sé es libre,esclavo en el claustro.Es posible que se necesite más fuerza de ánimo para resistir la soledad que a la miseria;la miseria envilece,el retiro deprava.¿Vale acaso más vivir en la abyección que en la locura?.Es algo que no me atrevere a decir,pero es preciso evitar lo uno y lo otro.
Veía crecer,día a día, la ternura que la superiora había concebido por mí. Estaba continuamente en su celda o ella estaba en la mía;a la menor indisposición me enviaba a la enfermería, dispensabame de los oficios,me enviaba a acostar temprano o me prohibía la oración de la mañana.En el coro,el refectorio,en el recreo hallaba medios de darme muestras de amistad; en el coro,sí encontraba un versículo que contuviese algún sentimiento afectuoso,lo cantaba dirigiéndose a mí, o me miraba si era otra que lo cantaba;en el refectorio,me enviaba siempre alguna de las exquisiteces que le servían; en el recreo,me abrazaba por el tallé y me decía cosas más dulces y obsequiosas; no le hacían ningún regalo que yo no lo compartiese:chocolate,azúcar,café, licores,tabaco,ropa blanca,pañuelos,lo que fuera.Había dejado su celda desprovisto de estampas,utensilios,muebles y de una infinidad de cosas agradables o cómodas para adornar con ellas las mías, apenas podía ausentarme un momento de la misma sin que a mi vuelta no me encontrará enriquecida con algunos presentes.Iba a su celda a darle las gracias y ella producíale una alegría imposible de explicar;me abrazaba,acariciaba,poníame encima de sus rodillas,me reconfortaba de las cosas más secretas de la casa,y prometíase,sí yo la amaba,una vida mil veces más dichosa que la que hubiese pasado en el mundo.Después de esto deteníase,me miraba con ojos tiernos y me decía:" Sor Susana,¿me ama usted?".
-Y ¿Como podría no amarla?Necesitaría ser muy ingrata.
-Es cierto.
-Da tantas muestras de bondad...
-Diga,de; gusto hacía usted.
Y al pronunciar estas palabras bajaba los ojos; la mano con que me abrazaba estrechabame con más fuerza; la que había apoyado en mi rodilla intensificaba su presión;me atraía hacía ella;mi cara encontrabase colocada sobré la suya.Suspiraba,revolvíase en la silla,temblaba;hubierase dicho que quería confiarme algo y que no se atrevía, derramaba lágrimas y después decía:"¡Ay,Sor Susana,usted no me ama!".
-¿Que yo no la amo,querida madre?
-No.
-Digame qué debo hacer para demostrárselo.
-Debería adivinarlo
-Lo intento,pero no adivino nada.
Mientras tanto,habría levantado su toca y puesto una de mis manos en su garganta;callaba,yo callaba también; ella parecía disfrutar el mayor placer.Invitabame a que le besara la frente,las mejillas,los ojos y la boca;yo la obedecía; no creo que hubiese mal en aquello;entretanto crecía su placer,y cómo yo no deseaba nada más que aumentar su felicidad de una manera inocente;besabale una vez más la frente,las mejillas, los ojos y la boca.La mano que había puesto sobré mi rodilla paseabase por encima de mis vestidos,desdé la extremidad de los pies hasta mi cintura,apretandome ora en un sitio,ora en otro;exhortabame ,balbuceando y con voz alterada;a redoblar mis caricias;yo las redoblaba;al fin llegó un momento,no sé sí de placer o de sufrimiento, en que tornose pálida cómo la muerte;sus ojos se cerraron,todo su cuerpo estiróse con violencia, apretaronse sus labios,humedecidos de una ligera espuma;luego,su boca se entreabrió ,y me pareció que moría lanzando un profundo suspiro.Ella entreabrió tenuemente los ojos y dijome con una voz apagada:"Inocente esto no es nada;¿Que vas a hacer?;detente..." Contemplele con ojos atónitos, sin saber sí quedarme o salir.Volvió a abrir los ojos;había perdido totalmente el habla;me hizo signo de que me acercara y volviera a sentarme sobre sus rodillas. No se qué me pasaba; tenía miedo,temblaba,palpitabame  el corazón, respiraba con dificultad,sentiame turbada,oprimida,agitada,asustada; parecía que las fuerzas me abandonaban y que iba a desfallecer;no obstante,no podría decir que fuese dolor lo que sentía. Ella estaba cómo muerta y yo cómo sí tuviese que morir.Permanecimos una y otra durante bastante rato en aquél singular estado.De haber entrado alguna religiosa, habríase asustado ciertamente e imaginado que nos encontrábamos mal o que nos habíamos dormido. Mientras tanto, esta buena superiora,púes es imposible ser tan sensible y no ser bueno,me pareció que volvía en sí. Seguía aún estirada en su silla;sus ojos continuaban cerrados,pero su rostro iba animándose de los más hermosos colores;beso una de mis manos.Yo dije:"¡Ay! querida madre,me ha dado usted mucho miedo...Ella sonrió dulcemente sin abrir los ojos.
-¿Pero es que no ha sufrido usted?.
-No.
-Pense que sí.
-Inocente,¡ay!, ¡querida inocente!, ¡Cuanto me gusta!.
Y diciendo estás palabras incorporóse,volvió a sentarse en su silla,cogióme,me beso con mucha fuerza las mejillas y me dijo:
-¿Que edad tienes?.
-Aun no he cumplido los veinte años.
-Es inconcebible.
-Nada más cierto querida madre.
-Quiero conocer toda tú vida;¿me la contarás?.
-Si querida madre.
-¿Toda?.
-Toda.
-Pero alguien podría venir;vayamos a sentarnos al clavecín.Usted me dará la lección.
Fuimos,pero no sé como; las manos me temblaban, el papel mostrabame un amasijo confuso de notas;no pude tocar.Se lo dije,pusose a reír, ocupó mí puesto,pero fue todavía peor;apenas podía sostener sus brazos.
"Hija mía-me dijo-,veo que no estás en condiciones de enseñarme ni yo de aprender;estoy un poco fatigada,necesito reposar,adiós.Mañana,a más tardar,quiero saber todo lo sucedido en esta pequeña alma tan querida,adiós..."
Las otras veces,cuando yo salía,me acompañaba hasta su puerta,me seguía con la vista a lo largo del corredor hasta mí celda;me lanzaba un beso con las manos, y no volvía a entrar hasta que yo había entrado.Está vez, apenas se levanto;lo más que pudo hacer fue alcanzar el sillón que estaba junto a su cama;sentóse,apoyaba la cabeza en la almohada,lanzóme el beso con las manos;cerraronse sus ojos y me marche.
Mi celda estaba casi enfrente de Santa Teresa;la suya estaba abierta;estaba esperándome,me detuvo y me dijo:
-¡Ay,Santa Susana,¿viene de ver a nuestra madre?.
-Si-le contesté.
-¿Há permanecido allí mucho tiempo?.
-Todo el que he querido.
-No es esto lo que me había prometido.
-Yo no le he prometido nada.
-¿Se atrevería a decirme lo que ha hecho allí?...
Pesé a que mí conciencia no me reprochaba nada,le confesaré,señor marqués,que;sin embargo;su pregunta me turbó; ella diose cuenta,insistió y le respondí:
-Querida hermana,puede que no me crea,pero tal vez crea a nuestra querida madre,ya le rogare que le informe.
-Mi querida Santa Susana-replicóme con viveza-guardese bien de hacerlo;usted no quiere hacerme desdichada;ella no me lo perdonaría; no la conoce;es capaz de pasar de la mayor sensibilidad a la ferocidad;no se que sería de mí. Prometame que no le dirá nada...
La levante,dile mí palabra;contó con ella y no se engaño;nos encerramos en nuestras celdas.
De nuevo en mi habitación. Estaba meditabunda;quize rezar y no pude;procuré ocuparme;comenzaba una labor y la dejaba por otra,que a su vez abandonaba por otra;,mis manos deteníanse por sí solas y parecía imbécil; nunca había experimentado nada parecido.Mis ojos se cerraron ;dormí un poco,pese a que nunca duermo durante del día.Una vez despierta,pregunteme  que había pasado entre la superiora  y yo,examineme ;al examinarme de nuevo creí entrever...,pero eran ideas vagas,tan locas,tan ridículas, que las rechacé lejos de mí. El resultado de mis reflexiones fue que sé trataba tal vez de una enfermedad a la que estaba sometida;luego pensé que quizás aquélla enfermedad era contagiosa,que Santa Teresa la había cogido y que yo la cogería también.
Al día siguiente,después del oficio de la mañana,nuestra superiora me dijo:"Santa Susana,hoy espero saber todo lo que le ha sucedido;venga..."
Fui.Me hizo sentar en un sillón al lado de la cama,y ella colocóse  en una silla un poco más baja;la dominaba un poco,porque soy más alta y estaba más elevada.Ella estaba tan cerca de mí, que mis rodillas estaban entrelazadas entre las suyas;estaba reclinada en su cama, tras un pequeño instante de silencio,le dije:
Aunque soy muy joven,he sufrido mucho;pronto hará veinte años que estoy en el mundo,y veinte años que sufro.No sé si podría contarselo todo,ni si usted tendría valor para escucharlo; penas en casa de mis padres,penas en el convento de Santa Maria;penas en el convento de Longchamp,penas en todas partes.Querida madre, ¿por dónde quiere que comience?.
-Por las primeras.
-Pero-le dije-,querida madre, esto será muy largo y triste y no quisiera entristecerla durante tanto tiempo.
-No temas nada;me gusta llorar;derramar lágrimas es delicioso para un alma tierna.A ti también debe gustarte; enjugarás mis lágrimas,yo engujare las tuyas,y tal vez seamos felices en medio de la narración de tus sufrimientos.¿Quien sabe hasta dónde puedan llevarnos el enternecimiento?...-Y al pronunciar estás palabras miróme de arriba abajo con los ojos ya húmedos; cogióme las dos manos;acercóse aun más a mí, de manera que me tocaba y yo la tocaba a ella.
-Cuenta hija mía, te escucho,me siento en las mejores condiciones para enternecerme;no creo haber tenido en mi vida un día más compasivo y afectuoso...
Comencé, pues,mí narración, poco más o menos tal cómo acabo de escribirsela.No podía decirle el efecto que produjo en ella,los suspiros que dio,las lágrimas que derramó, las muestras de indignación contra mis crueles padres, contra las horribles muchachas de Santa Maria y las de Longchamp.Lamentaría que tuvieran que sufrir la más mínima parte de los males que les deseó; no quisiera haber arrancado ni un cabello de la cabeza de mi más cruel enemigo.Cuándo le hablé de la escena del calaboza,de la de mí exorcismo,de cuándo canté la palinodia,casi se puso a gritar,cuándo llegué al final calle y ella quedó durante algún tiempo con el cuerpo inclinado sobre su cama,la cara oculta en la colcha y el brazo extendido encima de su cabeza;yo le dije:Querida madre,le pido perdón por la aflicción que le he ocasionado,ya le previne de ello,usted lo quiso...Y ella soló me respondió con estás palabras:
"¡Perversas criaturas! ¡Horribles criaturas! En ningún sitio más que en los conventos puede extinguirse la humanidad hasta ese punto.Cuándo el odio viene a unirse al mal humor habitual,ya no se sabe adonde llegarán las cosas.Felizmente yo soy benigna;amo a todas mis religiosas;ellas han tomado una más, otra menos,algo de mi carácter, y todas se aman entré sí. Pero¿Como está débil salud ha podido resistir tantos tormentos?¿Como fueron quebrantados todos éstos pequeños miembros?¿Como el esplendor de éstos ojos no se apagó con las lágrimas? ¡Crueles,atar estos brazos con cuerdas!..."Y los besaba."¡Arrancar quejas y gemidos de está boca!..." Y los besaba."¡Condenar está cara encantadora y serena a estar cubierta continuamente con nubes de tristeza!..." Y los besaba,."¡Marchitar las rosas de éstas mejillas!"Y las acariciaba con la mano y las besaba."¡Desordenar está cabeza!¡arrancar éstos cabellos !¡cargar ésta frente de zozobra!..."Y me besaba la cabeza,la frente,los cabellos..."¡Atreverse a rodear esté cuello con una cuerda y desgarrar estás espaldas con puntas agudas..."Y apartaba la ropa de mí toca,entreabría mi habito por arriba;mis cabellos caían esparcidos sobre mi espalda;mis senos estaban medio desnudos,y sus besos repartíanse  sobre mi cuello,mis espaldas y sobre mis senos semidesnudos.
Noté entonces, por el temblor que se apoderaba de ella,por la turbación de sus palabras, el extravío de sus ojos y de sus manos,por su rodilla que apretabase entre las mías,por el ardor con que me estrechaba y la violencia con que me enlazaban sus brazos,que su enfermedad no tardaría en apoderarse de ella.No sé lo que me pasaba; pero estaba dominada de un espanto,de un temblor y desfallecimiento que confirmaba la sospecha que había tenido de que su mal era contagioso.
-Querida madre-le dije-¡vea en que desorden me ha puesto!,sí alguien viniese...
-Quedate,quedate-me dijo con voz atormentada-,no vendrá nadie...
Sin embargo, hice un esfuerzo para levantarme y librarme de ella diciéndole:
-Querida madre,vaya con cuidado,el mal está a punto de apoderarse de usted.Permita que me alejé...
Yo quería alejarme,lo quería,estoy segura,pero no podía. No sentía ninguna fuerza,mis rodillas se doblaban debajo de mí. Ella estaba sentada,yo de pie,me atraía;temía caer sobre ella y lastimarla.Sentéme sobre el borde de la cama y le dije:
-Querida madre,no sé que tengo,me encuentro mal.
-Yo también- me contesto-,pero descansa un momento, esto pasará, no será nada...
En efecto,mí superiora recobró la calma,y yo también, las dos estábamos abatidas;yo,con la cabeza en su almohada;ella, con la cabeza en una de mis rodillas,la frente colocada sobre una de mis manos.Permanecimos algunos momentos en éste estado; no sé qué pensaba,por mí parte,no pensaba nada,no podía, la debilidad me dominaba totalmente. Guardábamos silencio cuándo la superiora rompiólo la primera.Me dijo:
-Susana,por lo que me ha dicho de su primera superiora,me ha parecido que la quería mucho.
-Mucho.
-No le amaba más que yo,pero usted la amaba más a ella-¿No me responde?.
-Yo era desdichada,ella atenuaba mis penas.
-Pero¿de dónde proviene su repugnancia hacía la vida religiosa? Susana usted no me lo ha dicho todo.
-Perdóneme,señora.
-¡Como!Amable como eres; hija mía, púes lo eres mucho,no sabes cuánto, es imposible que nadie te lo haya dicho.
-Me lo han dicho.
-Y el que te lo decía, ¿no te desagradaba?.
-No.
-¿Y te interésaste por él?.
-De ninguna manera.
-¡Como!¿no fue una pasión, secreta o desaprobada por tus padres,lo que le provocó aversión hacía el convento? Confíemelo;yo soy indulgente.
-No tengo,querida madre,nada que confesarle al respecto.
-Pero,una vez más, ¿de dónde viene la repugnancia hacía la vida religiosa?
-De ella misma. Odio sus deberes,sus ocupaciones,el retiro,la sujeción; me parece que estoy llamada a otra cosa.
-Pero¿por que le parece a usted estarlo?
-Por el aburrimiento que me agobia;me aburro.
-¿Incluso aquí?.
-Si,querida madre;incluso aquí, pese a todas las bondades que tiene usted conmigo.
-¿Es que experimenta acaso en sí misma movimientos, deseos?.
-Ninguno.
-Y los sentidos,¿no le dicen nada?.
-Desconozco el lenguaje de los sentidos.
-Sin embargo,tiene uno.
-Es posible.
-¿Y no lo conoce?.
-En absoluto.
-¡Como!Usted...Es un lenguaje muy dulce, ¿desearía conocerlo?.
-No,querida madre,¿para que me serviría?.
-Para disipar su aburrimiento.
-Puede que para aumentarlo.Y además, ¿que significa este lenguaje de los sentidos,sin objeto?.
-Cuando hablamos siempre hablamos a alguien.Es,sin duda,mejor que conversar sola, pese a que esta tampoco deja de procurar placer.
-No comprendo nada.
-Si tú quisieras hija mía,te sería más explícita.
-No,querida madre, no.No sé nada,y prefiero no saber nada que adquirir conocimientos que me harán tal vez más digna de compasión de lo que soy ahora.Carezco de deseos,y no quiero buscarlos, por que no podría satisfacerlos.
-¿Y por qué no podrías?.
-¿Y cómo podría?.
-Como yo.
-¡Como usted! Pero no hay nadie en está casa.
-Estoy yo,querida amiga;estás tú.
-¡Y bien! ¿Que soy yo para usted?,¿Usted para mí?.
-¡Que inocente!.
-¡Oh! Es verdad,querida madre ,que lo soy mucho,y que preferiría morir que dejar de serlo.
No sé lo que estas últimas palabras podían tener de molesto,para ella,pero la hicieron cambiar de cara de repente;pusose sería, inquieta;su mano que había puesto sobre una de mis rodillas,cesó de pronto de apretarla y retiróse luego;tenía los ojos bajos.
Le pregunté:
-Querida madre,¿que ha sucedido?¿Acaso se me ha escapado algo que la haya ofendido? Perdóneme.Hago uso de la libertad que usted me concedió; no estudio nada lo que tengo que decirle;además,sí lo estudiará, no lo diría de otra manera,tal vez sería peor.¡Las cosas de que charlamos son tan extrañas para mí!...perdóneme.
Diciendo estás palabras, enlace mis dos brazos alrededor de su cuello y puse la cabeza sobre su hombro.Ella enlazó los suyos alrededor de mí y estrechome  muy tiernamente.Permanecimos así durante algunos instantes;en seguida,recobrando su ternura y serenidad,dijome:
-Susana,¿duermes bien.
-Muy bien-le dije-,sobre todo desde hace algún tiempo.
-¿Te duermes enseguida?.
-Casi siempre.
-Pero cuando no te duermes en seguida;¿en que piensas?.
-En mi vida pasada, en la que me queda;o rezó a Dios,o lloro¿que se yo?.
-¿Y por la mañana,cuando te despiertas temprano?.
-Me levanto.
-¿En seguida?.
-¿No te gusta,pues soñar?.
-No.
-¿Gozar del suave calor del lecho?.
-No.
-¿Nunca?...
A esta palabra,detuvose y con razón;lo que iba a preguntarme no estaba bien,y tal vez será mucho peor el decirlo, pero he decidido no ocultar nada.
-¿Nunca te has sentido tentada de mirar con complacencia cuál hermosa eres?.
-No,querida madre,no sé si soy tan hermosa como usted dice:además, en caso que lo fuere,se es hermosa para los demás,no para sí.
-¿Nunca ha pensado en deslizar las manos sobre esta hermosa garganta,sobre estos muslos,sobre este vientre,sobre esta carne tan firmes,tan suaves y blancas.
-¡Oh!,no;esto es pecado.Y si me hubiese ocurrido,no sé como,hubiera procurado confesarme...
No se que hablamos todavía, cuando vinieron a avisarle que alguien preguntaba por ella en el locutorio.Me pareció que aquella visita le causaba disgusto y que hubiese preferido continuar charlando conmigo,pese a que lo que decíamos no valía la pena echarlo de menos,sin embargo;nos separamos.

"La religiosa",Denis Diderot;(1713-1784).
No vio la revolución (Francesa),no fue un revolucionario, pero su obra escandalizo a la sociedad.

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