El halcón.
(Pags.29-33)
Hace tiempo, vivía en Florencia un joven llamado Federico Alberighi,hijo de micer Felipe Alberighi;con el que ningún otro muchacho de la nobleza toscana podía competir en porté gentil y cortesía. El cuál, como suele ocurrir con los jóvenes de su edad y condición se enamoró de una dama de nobleza llamada Juana,quien por esos tiempos era una de las mujeres más hermosas y amables de Florencia.Todo cuánto Federico podía hacer para conquistar el amor de ella lo hizo;en fiestas,en torneos,en magníficos regalos gastó todos sus recursos sin moderación; pero monna*(18), Juana que no era menos honesta que bella,no se dio por enterada de tales cortesías ni prestó por ello mayor atención a quien los hacía. Siguió Federico gastando su fortuna sin conseguir nada,hasta el punto de que enseguida sus riquezas escasearon y él se volvió pobre,sin más bienes que una pequeña finca rural cuyas rentas apenas si le alcanzaban para vivir, y un espléndido halcón que era el único legado de sus riquezas pasadas;por lo cuál, más enamorado que nunca y al ver que ya no podía desempeñar dignamente el papel de ciudadano de Florencia,se fue a Campi,donde se encontraba su finca.Allí, sin pedir nada a nadie, se entretenía cazando pájaros con su halcón, y soportaba su indigencia del mejor modo posible.Sucedió un día, entonces,cuándo Federico ya llegaba al extremo de su pobreza,que el marido de Juana enfermó y como se veía pronto a morir,hizo su testamento;era riquisimo y nombró heredero suyo a su hijo,ya crecido,dejando constancia de que su bienamada esposa se convertiría en su heredera si el muchacho muriese sin dejar descendencia.Como era su costumbre,monna Juana se fue al campo a pasar el verano,a una finca muy cercana a la de Federico;así sucedió que el muchacho trabó amistad con Federico y muy pronto jugaba con los perros y pájaros de éste;y como siempre veía volar el halcón de Federico,se prendó al ave y deseó poseerla aunque no se atrevía a pedírsela a su nuevo amigo por la estimación que él le demostraba. Tanto perturbó al muchacho que finalmente se enfermó, con lo cuál su madre quedó muy preocupada porque no tenía más que a él en el mundo y se pasaba el día en torno a su cama;como no alcanzaba a reconfortarlo,le preguntaba continuamente qué era lo que lo provocaba tanto daño y le suplicaba que le contase cuál era el objeto o cosa que deseaba,que ella lo conseguiría de cualquier forma.El muchacho,luego de haber oído repetidas veces,esos ofrecimientos, dijo:
"Querida mamá si usted consigue para mí el halcón de Federico,creo que me podré curar enseguida".La señora en cuanto oyó eso comenzó a pensar sobre la actitud que tendría que asumir.Sabía que Federico la había amado por mucho tiempo sin que ella le hiciera la mínima consecion;por eso decía: ¿Como podré pedirle ese halcón que,si me atengo a lo oído, es el mejor de cuantos volaron jamás, y que además, es su único sostén? ¿Y como podré yo privar a ese caballero del único motivo de gozo que le queda en el mundo?" Y así quedó muy confundida con el convencimiento de que lo obtendría si llegaba a pedirlo;y como no sabía que decir ni hacer,nada le respondió a su hijo.Finalmente ,el amor materno triunfó sobre todas las dudas, y terminó por prometer al muchacho que no había cesado de insistir en que el halcón habría de ser su único medio de curación, que ella misma iría a buscarle el pájaro diciendo:"Hijo mío, tranquilizate y piensa solo en recobrar la salud, pues te prometo que lo primero que haré mañana es ir yo misma a buscar el halcón y a traértelo".Con lo cual el niño se alegró y mostró enseguida señales de mejoría.Al día siguiente la dama, acompañada solo por otra mujer,se dirigió, como si paseara,hacía la casita de Federico a quien hizo llamar enseguida.En aquel momento el joven,como no era día de salir de caza con el halcón, se encontraba en su jardín haciendo algunos trabajos menudos y, en cuanto oyó que monna Juana llamaba a su puerta ,se asombró de ello y corrió alborozado hasta la entrada donde estaba la dama, quien al verlo venir lo saludó de manera muy femenina y amigable,luego de que él le dirigiera una respetuosa reverencia.Tras las cortesías de rigor le dijo:"Señor Federico, he venido a resarcirte de los prejuicios que has tenido por mí causa,debido a que me amaste probablemente más de lo necesario,por lo cual la recompensa que te ofrezco es que nos invites a esta dama que me acompaña y a mí a comer contigo".A lo cual Federico respondió humildemente:"No recuerdo, señora, haber sufrido daño alguno por vuestra culpa;por el contrario,creo que si en cierta oportunidad hice cosas de mérito, ello lo debo al amor que supisteis despertar en mí; y,por cierto, la gracia que me hacéis al venir me es tan cara que no lo cambiaría por todos los bienes que pobre ahora,he perdido".Y,mientras decía esto,la hizo entrar a su casa y la condujo hacía el jardín, y como no encontraba a otra persona que la jardinera para hacerle compañía, le dijo:"Noble señora,os dejo con esta mujer,esposa de un trabajador que es de mí confianza,en tanto voy a poner la mesa".Federico,pese a lo extremo de su pobreza,nunca como aquél día lamentó haber dilapidado sus riquezas y no poder agasajar dignamente a la mujer amada.Rabiaba ahora contra sí mismo, maldecía su suerte y,ya completamente fuera de sí, recorría todos los cuartos en busca de algún dinero y objeto para empeñar,sin hallar nada en ninguna parte.Como la hora de comer se acercaba y su deseo de honrar a la dama querida era grande,sin que se le pasara por la mente pedir alguna cosa a su jardinero,puso de pronto su mirada en su apreciado halcón, que descansaba en su jaula y,como no le quedaba otra alternativa,lo tomó, lo sopesó y,encontrándolo carnoso dedujo que sería adecuada merienda para una dama como la que allí esperaba.Entonces,sin pensarlo dos veces le retorció el cuello, lo desplumó y rápidamente lo puso a asar.Puesta la mesa con inmaculados manteles que aún conservaba,volvió con alegre expresión al jardín donde la dama esperaba y la invitó a que pasara al comedor con su compañera.Se levantaron las dos señoras,entraron en la casa,se sentaron a la mesa y,mientras Federico las servía diligentemente y sin saber que comían, se almorzaron el magnífico halcón. Concluida la comida y mientras se entretenían en amable charla,a la dama le pareció llegado el momento de explicar el verdadero motivo de su venida y habló así:"Federico,si recuerdas tu vida pasada y mí honestidad a la que tal vez consideraste crueldad y dureza,indudablemente te maravillaras al enterarte del propósito que me trae aquí; pero si tuvieras hijos,o los hubieses tenido alguna vez,y si supieras hasta donde llega el amor maternal,estoy segura de que sabrías excusarme. Y así como tú no los tienes,yo tengo uno y no puedo eludir las leyes comunes entre las madres,todo lo cuál me manda,aún contra mí voluntad y violentandome mucho,pedirte un don que sí te es íntimamente caro, porque la naturaleza no te ha dado ningún otro consuelo, y ese don es tu halcón dilecto,del cual mi hijo se ha encaprichado de tal manera que si no se lo llevo la enfermedad que sufre puede agravarse hasta quitarle la vida.Y por esto te suplico,no por tu amistad que jamás la he merecido,si no por tu noble y gentil carácter que hace que sobresalgas entre los demás hombres,que me des el halcón,para que yo pueda conservar la vida de mi hijo,y te quedaré eternamente agradecida".Federico cuando escuchó el pedido y dándose cuenta de que no les podía satisfacer puesto que acababan de comerse al halcón se puso a llorar antes de poder articular palabra.La dama creyó al principio que este llanto obedecía a la pena que causaría al caballero desprenderse del halcón, y estuvo tentada de retirar su pedido, pero enseguida se contuvo y espero,después del llanto la respuesta de Federico,quién habló de esta manera:"Señora, sabe Dios que desde que vos puse mi amor los hechos de la fortuna,me han sido adversos en todos los órdenes; no obstante,todas mis penurias pasadas son leves comparadas con la que atravieso ahora,cuando me visitais en mi humilde casita-sin que nunca me hayáis visitado antes,en mis ricas mansiones-y me pedis un menudo don,que no puedo concederos de ninguna manera,por el motivo siguiente: en cuanto escuche que querían almorzar en mi casa y teniendo en cuenta vuestra excelencia y vuestra nobleza,estime que sería digno y conveniente que os agasajara,de acuerdo con mis posibilidades,de la mejor manera y por encima de lo que se hace con los huéspedes comunes.Por ello,recordé que poseía el halcón que ahora me solicitais,y juzgué que era para vos alimento adecuado,y yo supuse haberle dado el mejor de los usos posibles,pero ahora veo que lo deseabais en otra forma y siento un dolor inexpresable por no tenerlo ya,creó que nunca la paz volverá a mí".Y cuando terminó de decir esto mando traer las plumas,las garras y el pico del ave,para demostrar que no mentía. La señora,que lo veía y escuchaba todo,le reconvino primero por la ocurrencia de haberle servido en la mesa un ave tan valiosa,pero en lo interior de sí misma le agradeció su generosidad y grandeza de alma,que la pobreza no había conseguido desterrar.Despues,desaparecida ya las esperanzas de poseer el halcón y acordándose de la enfermedad de su hijo,resolvió volver a su casa.El hijo,sea porque la noticia de que nunca tendría el halcón agravose su estado,sea porque la propia enfermedad no tuviera cura,no pudo sobrevivir mucho tiempo y,días mas tarde, con gran dolor de la madre,dejó este mundo.La señora, luego de mucho tiempo de lágrimas y amargura,recibió de sus hermanos el consejo de volver a casarse,pues era riquisima y todavía joven;y aunque no pareciese ella misma en disposición de hacerlo pensó en Federico,en su valor y en su última magnificencia ,la de haber dado muerte a un halcón,tan preciado para agasajarla,y terminó por decir a sus hermanos:"Con mucho gusto quedaría viuda si esto os agradara,pero si estimáis que debo casarme,por cierto que no tomaré otro mando que no sea Federico Alberighi".Ante esto,los hermanos burlándose de ella le respondieron:"¿Que estas diciendo?¿Como puedes querer a un hombre que nada tiene?""Lo sé, hermanos míos"-contestó ella-"es así como decís, pero prefiero a un hombre carente de riquezas que unas riquezas sin hombre ".Los hermanos,al oírla y conociendo como conocían a Federico,por más pobre que éste fuera,consintieron en dársela por esposa junto con todas las riquezas que el primer marido le había dejado;y Federico,que así se convertía por fin en marido de la mujer que amaba y en poder de una fortuna tan grande como la que las desventuras le habían quitado, vivió con alegría, esposo feliz y administrador más prudente,hasta el fin de sus días.
Hace tiempo, vivía en Florencia un joven llamado Federico Alberighi,hijo de micer Felipe Alberighi;con el que ningún otro muchacho de la nobleza toscana podía competir en porté gentil y cortesía. El cuál, como suele ocurrir con los jóvenes de su edad y condición se enamoró de una dama de nobleza llamada Juana,quien por esos tiempos era una de las mujeres más hermosas y amables de Florencia.Todo cuánto Federico podía hacer para conquistar el amor de ella lo hizo;en fiestas,en torneos,en magníficos regalos gastó todos sus recursos sin moderación; pero monna*(18), Juana que no era menos honesta que bella,no se dio por enterada de tales cortesías ni prestó por ello mayor atención a quien los hacía. Siguió Federico gastando su fortuna sin conseguir nada,hasta el punto de que enseguida sus riquezas escasearon y él se volvió pobre,sin más bienes que una pequeña finca rural cuyas rentas apenas si le alcanzaban para vivir, y un espléndido halcón que era el único legado de sus riquezas pasadas;por lo cuál, más enamorado que nunca y al ver que ya no podía desempeñar dignamente el papel de ciudadano de Florencia,se fue a Campi,donde se encontraba su finca.Allí, sin pedir nada a nadie, se entretenía cazando pájaros con su halcón, y soportaba su indigencia del mejor modo posible.Sucedió un día, entonces,cuándo Federico ya llegaba al extremo de su pobreza,que el marido de Juana enfermó y como se veía pronto a morir,hizo su testamento;era riquisimo y nombró heredero suyo a su hijo,ya crecido,dejando constancia de que su bienamada esposa se convertiría en su heredera si el muchacho muriese sin dejar descendencia.Como era su costumbre,monna Juana se fue al campo a pasar el verano,a una finca muy cercana a la de Federico;así sucedió que el muchacho trabó amistad con Federico y muy pronto jugaba con los perros y pájaros de éste;y como siempre veía volar el halcón de Federico,se prendó al ave y deseó poseerla aunque no se atrevía a pedírsela a su nuevo amigo por la estimación que él le demostraba. Tanto perturbó al muchacho que finalmente se enfermó, con lo cuál su madre quedó muy preocupada porque no tenía más que a él en el mundo y se pasaba el día en torno a su cama;como no alcanzaba a reconfortarlo,le preguntaba continuamente qué era lo que lo provocaba tanto daño y le suplicaba que le contase cuál era el objeto o cosa que deseaba,que ella lo conseguiría de cualquier forma.El muchacho,luego de haber oído repetidas veces,esos ofrecimientos, dijo:
"Querida mamá si usted consigue para mí el halcón de Federico,creo que me podré curar enseguida".La señora en cuanto oyó eso comenzó a pensar sobre la actitud que tendría que asumir.Sabía que Federico la había amado por mucho tiempo sin que ella le hiciera la mínima consecion;por eso decía: ¿Como podré pedirle ese halcón que,si me atengo a lo oído, es el mejor de cuantos volaron jamás, y que además, es su único sostén? ¿Y como podré yo privar a ese caballero del único motivo de gozo que le queda en el mundo?" Y así quedó muy confundida con el convencimiento de que lo obtendría si llegaba a pedirlo;y como no sabía que decir ni hacer,nada le respondió a su hijo.Finalmente ,el amor materno triunfó sobre todas las dudas, y terminó por prometer al muchacho que no había cesado de insistir en que el halcón habría de ser su único medio de curación, que ella misma iría a buscarle el pájaro diciendo:"Hijo mío, tranquilizate y piensa solo en recobrar la salud, pues te prometo que lo primero que haré mañana es ir yo misma a buscar el halcón y a traértelo".Con lo cual el niño se alegró y mostró enseguida señales de mejoría.Al día siguiente la dama, acompañada solo por otra mujer,se dirigió, como si paseara,hacía la casita de Federico a quien hizo llamar enseguida.En aquel momento el joven,como no era día de salir de caza con el halcón, se encontraba en su jardín haciendo algunos trabajos menudos y, en cuanto oyó que monna Juana llamaba a su puerta ,se asombró de ello y corrió alborozado hasta la entrada donde estaba la dama, quien al verlo venir lo saludó de manera muy femenina y amigable,luego de que él le dirigiera una respetuosa reverencia.Tras las cortesías de rigor le dijo:"Señor Federico, he venido a resarcirte de los prejuicios que has tenido por mí causa,debido a que me amaste probablemente más de lo necesario,por lo cual la recompensa que te ofrezco es que nos invites a esta dama que me acompaña y a mí a comer contigo".A lo cual Federico respondió humildemente:"No recuerdo, señora, haber sufrido daño alguno por vuestra culpa;por el contrario,creo que si en cierta oportunidad hice cosas de mérito, ello lo debo al amor que supisteis despertar en mí; y,por cierto, la gracia que me hacéis al venir me es tan cara que no lo cambiaría por todos los bienes que pobre ahora,he perdido".Y,mientras decía esto,la hizo entrar a su casa y la condujo hacía el jardín, y como no encontraba a otra persona que la jardinera para hacerle compañía, le dijo:"Noble señora,os dejo con esta mujer,esposa de un trabajador que es de mí confianza,en tanto voy a poner la mesa".Federico,pese a lo extremo de su pobreza,nunca como aquél día lamentó haber dilapidado sus riquezas y no poder agasajar dignamente a la mujer amada.Rabiaba ahora contra sí mismo, maldecía su suerte y,ya completamente fuera de sí, recorría todos los cuartos en busca de algún dinero y objeto para empeñar,sin hallar nada en ninguna parte.Como la hora de comer se acercaba y su deseo de honrar a la dama querida era grande,sin que se le pasara por la mente pedir alguna cosa a su jardinero,puso de pronto su mirada en su apreciado halcón, que descansaba en su jaula y,como no le quedaba otra alternativa,lo tomó, lo sopesó y,encontrándolo carnoso dedujo que sería adecuada merienda para una dama como la que allí esperaba.Entonces,sin pensarlo dos veces le retorció el cuello, lo desplumó y rápidamente lo puso a asar.Puesta la mesa con inmaculados manteles que aún conservaba,volvió con alegre expresión al jardín donde la dama esperaba y la invitó a que pasara al comedor con su compañera.Se levantaron las dos señoras,entraron en la casa,se sentaron a la mesa y,mientras Federico las servía diligentemente y sin saber que comían, se almorzaron el magnífico halcón. Concluida la comida y mientras se entretenían en amable charla,a la dama le pareció llegado el momento de explicar el verdadero motivo de su venida y habló así:"Federico,si recuerdas tu vida pasada y mí honestidad a la que tal vez consideraste crueldad y dureza,indudablemente te maravillaras al enterarte del propósito que me trae aquí; pero si tuvieras hijos,o los hubieses tenido alguna vez,y si supieras hasta donde llega el amor maternal,estoy segura de que sabrías excusarme. Y así como tú no los tienes,yo tengo uno y no puedo eludir las leyes comunes entre las madres,todo lo cuál me manda,aún contra mí voluntad y violentandome mucho,pedirte un don que sí te es íntimamente caro, porque la naturaleza no te ha dado ningún otro consuelo, y ese don es tu halcón dilecto,del cual mi hijo se ha encaprichado de tal manera que si no se lo llevo la enfermedad que sufre puede agravarse hasta quitarle la vida.Y por esto te suplico,no por tu amistad que jamás la he merecido,si no por tu noble y gentil carácter que hace que sobresalgas entre los demás hombres,que me des el halcón,para que yo pueda conservar la vida de mi hijo,y te quedaré eternamente agradecida".Federico cuando escuchó el pedido y dándose cuenta de que no les podía satisfacer puesto que acababan de comerse al halcón se puso a llorar antes de poder articular palabra.La dama creyó al principio que este llanto obedecía a la pena que causaría al caballero desprenderse del halcón, y estuvo tentada de retirar su pedido, pero enseguida se contuvo y espero,después del llanto la respuesta de Federico,quién habló de esta manera:"Señora, sabe Dios que desde que vos puse mi amor los hechos de la fortuna,me han sido adversos en todos los órdenes; no obstante,todas mis penurias pasadas son leves comparadas con la que atravieso ahora,cuando me visitais en mi humilde casita-sin que nunca me hayáis visitado antes,en mis ricas mansiones-y me pedis un menudo don,que no puedo concederos de ninguna manera,por el motivo siguiente: en cuanto escuche que querían almorzar en mi casa y teniendo en cuenta vuestra excelencia y vuestra nobleza,estime que sería digno y conveniente que os agasajara,de acuerdo con mis posibilidades,de la mejor manera y por encima de lo que se hace con los huéspedes comunes.Por ello,recordé que poseía el halcón que ahora me solicitais,y juzgué que era para vos alimento adecuado,y yo supuse haberle dado el mejor de los usos posibles,pero ahora veo que lo deseabais en otra forma y siento un dolor inexpresable por no tenerlo ya,creó que nunca la paz volverá a mí".Y cuando terminó de decir esto mando traer las plumas,las garras y el pico del ave,para demostrar que no mentía. La señora,que lo veía y escuchaba todo,le reconvino primero por la ocurrencia de haberle servido en la mesa un ave tan valiosa,pero en lo interior de sí misma le agradeció su generosidad y grandeza de alma,que la pobreza no había conseguido desterrar.Despues,desaparecida ya las esperanzas de poseer el halcón y acordándose de la enfermedad de su hijo,resolvió volver a su casa.El hijo,sea porque la noticia de que nunca tendría el halcón agravose su estado,sea porque la propia enfermedad no tuviera cura,no pudo sobrevivir mucho tiempo y,días mas tarde, con gran dolor de la madre,dejó este mundo.La señora, luego de mucho tiempo de lágrimas y amargura,recibió de sus hermanos el consejo de volver a casarse,pues era riquisima y todavía joven;y aunque no pareciese ella misma en disposición de hacerlo pensó en Federico,en su valor y en su última magnificencia ,la de haber dado muerte a un halcón,tan preciado para agasajarla,y terminó por decir a sus hermanos:"Con mucho gusto quedaría viuda si esto os agradara,pero si estimáis que debo casarme,por cierto que no tomaré otro mando que no sea Federico Alberighi".Ante esto,los hermanos burlándose de ella le respondieron:"¿Que estas diciendo?¿Como puedes querer a un hombre que nada tiene?""Lo sé, hermanos míos"-contestó ella-"es así como decís, pero prefiero a un hombre carente de riquezas que unas riquezas sin hombre ".Los hermanos,al oírla y conociendo como conocían a Federico,por más pobre que éste fuera,consintieron en dársela por esposa junto con todas las riquezas que el primer marido le había dejado;y Federico,que así se convertía por fin en marido de la mujer que amaba y en poder de una fortuna tan grande como la que las desventuras le habían quitado, vivió con alegría, esposo feliz y administrador más prudente,hasta el fin de sus días.
Relató noveno del quinto día del Decameron.(Cuento medieval).
Giovanni Boccaccio*17
*17 Traducido de la cátedra del original italiano en :http://www.liberliber.it
*18 Monna(del latín) que significa esposa,madre.
Una araña en el zapato.
La narración.Teoría, lectura, investigación y propuestas de escritura.
Gloria Pamillo et aa vv.
Buenos Aires,Libros de la Araucasia (2005).
Cap.1 Los estudios narratologicos.
Por Gloria Pampillo y Ana Sarchione.
Giovanni Boccaccio*17
*17 Traducido de la cátedra del original italiano en :http://www.liberliber.it
*18 Monna(del latín) que significa esposa,madre.
Una araña en el zapato.
La narración.Teoría, lectura, investigación y propuestas de escritura.
Gloria Pamillo et aa vv.
Buenos Aires,Libros de la Araucasia (2005).
Cap.1 Los estudios narratologicos.
Por Gloria Pampillo y Ana Sarchione.

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