Fausto.
(Entra un estudiante) El estudiante. Acabo de llegar y me presento humilde para conocer y hablar con un hombre que excita el respeto y la admiración general. Mefistófeles. Me complace en gran manera vuestra cortesía; sólo veréis en mí a un hombre como cualquier otro. ¿Son muchos vuestros estudios? El estudiante. Vengo a pediros que os encarguéis de mí; estoy animado de la mejor voluntad, y tengo algún dinero y mucha salud, y sólo a duras penas ha consentido mi madre en que me ausentase de ella; pero mi deseo de aprender aquí algo útil ha vencido todos los obstáculos. Mefistófeles. No podíais elegir mejor sitio.El estudiante. Pues en verdad quisiera ya retirarme, porque no tienen para mí estos muros y estas salas atractivo alguno; hay, además, un espacio muy pequeño, y no se descubre desde él ni un solo árbol, y puedo afirmar que en esta sala y en estos bancos perdería el oído, la vista y el pensamiento. Mefistófeles. Todo depende del hábito. Tampoco el niño toma en un principio de buena gana el pecho materno, y luego se le ve beber en él con placer su alimento. Lo propio os sucederá a vos con el seno de la sabiduría. El estudiante. Mucho deseo colgarme de su cuello, pero enseñadme el medio de lograrlo. Mefistófeles. Esplicaos antes de continuar: ¿cuál es la facultad que elegís? El estudiante. Mi deseo de saber es tal, que quisiera abarcar todo cuanto existe en el cielo y en la tierra, en la ciencia y en la naturaleza. Mefistófeles. Estáis en buen camino, pero es necesario no dejaros distraer. El estudiante. En él estoy en cuerpo y alma; con todo, procurareme la libertad posible y algunas horas de ocio en esos hermosos días de fiesta del verano. Mefistófeles. Aprovechad el tiempo. ¡Pasa tan pronto! Pero el método os enseñará a ganarlo. Así, pues, mi buen amigo, ante todo os aconsejo un curso de lógica, que es la que ha de dirigir vuestro espíritu; la lógica le calzará estrechos borceguíes, para que ande derecho y con circunspección por el camino del pensamiento y no se extravíe como un fuego fatuo en el espacio. Luego se os enseñará durante muchos días, que aun para las cosas más sencillas, y que haríais en un abrir y cerrar de ojos, como beber y comer, es absolutamente indispensable obrar con método y por tiempos. Y en efecto, sucede con el pensamiento lo que con un telar, en el que basta un solo esfuerzo para poner en juego millares de hilos, donde la lanzadera corre sin cesar y al deslizarse se escurren los hilos invisibles y a la vez se forman mil nudos. Viene también el filósofo y os demuestra que debe ser de aquel modo: lo primero es esto y lo segundo es aquello; luego lo tercero y lo cuarto debe ser lo otro, y sin lo primero y lo segundo, nunca hubiera existido lo tercero y lo cuarto. Los estudiantes de todos los países, a pesar de comprenderlo así, nunca llegan a ser tejedores. Si se quiere conocer y comprender algo importante, se empieza desde luego por hacer abstracción de la inteligencia: se dispone de todos los elementos, pero ¿cómo lograr el anhelado objeto si falta el lazo intelectual? La química llama a eso Encheiresin naturae, y sin pensarlo se burla de sí propia. El estudiante. No os comprendo bien. Mefistófeles. Lo comprenderéis mucho mejor cuando hayáis aprendido a deducirlo y calificarlo todo convenientemente. El estudiante. De tal modo me atolondra todo esto, que creo tener una rueda de molino en la cabeza. Mefistófeles. Y luego debéis, ante todo, dedicaros a la metafísica; en ella podréis profundizar todo lo que no es dado comprender a la inteligencia humana, y por todo lo que pertenezca o deje de pertenecer a ella recurriréis a una palabra científica. Para este primer curso disponed vuestro tiempo lo más regularmente posible; tendréis cinco clases diarias, acudid a ellas a la primera campanada, debidamente preparado, sin dejar de saber todos los párrafos de vuestra lección, a fin de que nada dejéis que no se encuentre en el libro; con todo, podréis escribir como si el Espíritu Santo os dictase. El estudiante. No será necesario que me lo repitáis dos veces, por estar muy convencido de lo útil que debe serme; además, nada iguala el placer que uno siente cuando ha pintado lo blanco de negro. Mefistófeles. Así, pues, elegid una carrera.El estudiante. Pues en verdad quisiera ya retirarme, porque no tienen para mí estos muros y estas salas atractivo alguno; hay, además, un espacio muy pequeño, y no se descubre desde él ni un solo árbol, y puedo afirmar que en esta sala y en estos bancos perdería el oído, la vista y el pensamiento. Mefistófeles. Todo depende del hábito. Tampoco el niño toma en un principio de buena gana el pecho materno, y luego se le ve beber en él con placer su alimento. Lo propio os sucederá a vos con el seno de la sabiduría. El estudiante. Mucho deseo colgarme de su cuello, pero enseñadme el medio de lograrlo. Mefistófeles. Esplicaos antes de continuar: ¿cuál es la facultad que elegís? El estudiante. Mi deseo de saber es tal, que quisiera abarcar todo cuanto existe en el cielo y en la tierra, en la ciencia y en la naturaleza. Mefistófeles. Estáis en buen camino, pero es necesario no dejaros distraer. El estudiante. En él estoy en cuerpo y alma; con todo, procurareme la libertad posible y algunas horas de ocio en esos hermosos días de fiesta del verano. Mefistófeles. Aprovechad el tiempo. ¡Pasa tan pronto! Pero el método os enseñará a ganarlo. Así, pues, mi buen amigo, ante todo os aconsejo un curso de lógica, que es la que ha de dirigir vuestro espíritu; la lógica le calzará estrechos borceguíes, para que ande derecho y con circunspección por el camino del pensamiento y no se extravíe como un fuego fatuo en el espacio. Luego se os enseñará durante muchos días, que aun para las cosas más sencillas, y que haríais en un abrir y cerrar de ojos, como beber y comer, es absolutamente indispensable obrar con método y por tiempos. Y en efecto, sucede con el pensamiento lo que con un telar, en el que basta un solo esfuerzo para poner en juego millares de hilos, donde la lanzadera corre sin cesar y al deslizarse se escurren los hilos invisibles y a la vez se forman mil nudos. Viene también el filósofo y os demuestra que debe ser de aquel modo: lo primero es esto y lo segundo es aquello; luego lo tercero y lo cuarto debe ser lo otro, y sin lo primero y lo segundo, nunca hubiera existido lo tercero y lo cuarto. Los estudiantes de todos los países, a pesar de comprenderlo así, nunca llegan a ser tejedores. Si se quiere conocer y comprender algo importante, se empieza desde luego por hacer abstracción de la inteligencia: se dispone de todos los elementos, pero ¿cómo lograr el anhelado objeto si falta el lazo intelectual? La química llama a eso Encheiresin naturae, y sin pensarlo se burla de sí propia. El estudiante. No os comprendo bien. Mefistófeles. Lo comprenderéis mucho mejor cuando hayáis aprendido a deducirlo y calificarlo todo convenientemente. El estudiante. De tal modo me atolondra todo esto, que creo tener una rueda de molino en la cabeza. Mefistófeles. Y luego debéis, ante todo, dedicaros a la metafísica; en ella podréis profundizar todo lo que no es dado comprender a la inteligencia humana, y por todo lo que pertenezca o deje de pertenecer a ella recurriréis a una palabra científica. Para este primer curso disponed vuestro tiempo lo más regularmente posible; tendréis cinco clases diarias, acudid a ellas a la primera campanada, debidamente preparado, sin dejar de saber todos los párrafos de vuestra lección, a fin de que nada dejéis que no se encuentre en el libro; con todo, podréis escribir como si el Espíritu Santo os dictase. El estudiante. No será necesario que me lo repitáis dos veces, por estar muy convencido de lo útil que debe serme; además, nada iguala el placer que uno siente cuando ha pintado lo blanco de negro. Mefistófeles. Así, pues, elegid una carrera.El estudiante. Pues en verdad quisiera ya retirarme, porque no tienen para mí estos muros y estas salas atractivo alguno; hay, además, un espacio muy pequeño, y no se descubre desde él ni un solo árbol, y puedo afirmar que en esta sala y en estos bancos perdería el oído, la vista y el pensamiento. Mefistófeles. Todo depende del hábito. Tampoco el niño toma en un principio de buena gana el pecho materno, y luego se le ve beber en él con placer su alimento. Lo propio os sucederá a vos con el seno de la sabiduría. El estudiante. Mucho deseo colgarme de su cuello, pero enseñadme el medio de lograrlo. Mefistófeles. Esplicaos antes de continuar: ¿cuál es la facultad que elegís? El estudiante. Mi deseo de saber es tal, que quisiera abarcar todo cuanto existe en el cielo y en la tierra, en la ciencia y en la naturaleza. Mefistófeles. Estáis en buen camino, pero es necesario no dejaros distraer. El estudiante. En él estoy en cuerpo y alma; con todo, procurareme la libertad posible y algunas horas de ocio en esos hermosos días de fiesta del verano. Mefistófeles. Aprovechad el tiempo. ¡Pasa tan pronto! Pero el método os enseñará a ganarlo. Así, pues, mi buen amigo, ante todo os aconsejo un curso de lógica, que es la que ha de dirigir vuestro espíritu; la lógica le calzará estrechos borceguíes, para que ande derecho y con circunspección por el camino del pensamiento y no se extravíe como un fuego fatuo en el espacio. Luego se os enseñará durante muchos días, que aun para las cosas más sencillas, y que haríais en un abrir y cerrar de ojos, como beber y comer, es absolutamente indispensable obrar con método y por tiempos. Y en efecto, sucede con el pensamiento lo que con un telar, en el que basta un solo esfuerzo para poner en juego millares de hilos, donde la lanzadera corre sin cesar y al deslizarse se escurren los hilos invisibles y a la vez se forman mil nudos. Viene también el filósofo y os demuestra que debe ser de aquel modo: lo primero es esto y lo segundo es aquello; luego lo tercero y lo cuarto debe ser lo otro, y sin lo primero y lo segundo, nunca hubiera existido lo tercero y lo cuarto. Los estudiantes de todos los países, a pesar de comprenderlo así, nunca llegan a ser tejedores. Si se quiere conocer y comprender algo importante, se empieza desde luego por hacer abstracción de la inteligencia: se dispone de todos los elementos, pero ¿cómo lograr el anhelado objeto si falta el lazo intelectual? La química llama a eso Encheiresin naturae, y sin pensarlo se burla de sí propia. El estudiante. No os comprendo bien. Mefistófeles. Lo comprenderéis mucho mejor cuando hayáis aprendido a deducirlo y calificarlo todo convenientemente. El estudiante. De tal modo me atolondra todo esto, que creo tener una rueda de molino en la cabeza. Mefistófeles. Y luego debéis, ante todo, dedicaros a la metafísica; en ella podréis profundizar todo lo que no es dado comprender a la inteligencia humana, y por todo lo que pertenezca o deje de pertenecer a ella recurriréis a una palabra científica. Para este primer curso disponed vuestro tiempo lo más regularmente posible; tendréis cinco clases diarias, acudid a ellas a la primera campanada, debidamente preparado, sin dejar de saber todos los párrafos de vuestra lección, a fin de que nada dejéis que no se encuentre en el libro; con todo, podréis escribir como si el Espíritu Santo os dictase. El estudiante. No será necesario que me lo repitáis dos veces, por estar muy convencido de lo útil que debe serme; además, nada iguala el placer que uno siente cuando ha pintado lo blanco de negro. Mefistófeles. Así, pues, elegid una carrera.El estudiante. Pues en verdad quisiera ya retirarme, porque no tienen para mí estos muros y estas salas atractivo alguno; hay, además, un espacio muy pequeño, y no se descubre desde él ni un solo árbol, y puedo afirmar que en esta sala y en estos bancos perdería el oído, la vista y el pensamiento. Mefistófeles. Todo depende del hábito. Tampoco el niño toma en un principio de buena gana el pecho materno, y luego se le ve beber en él con placer su alimento. Lo propio os sucederá a vos con el seno de la sabiduría. El estudiante. Mucho deseo colgarme de su cuello, pero enseñadme el medio de lograrlo. Mefistófeles. Esplicaos antes de continuar: ¿cuál es la facultad que elegís? El estudiante. Mi deseo de saber es tal, que quisiera abarcar todo cuanto existe en el cielo y en la tierra, en la ciencia y en la naturaleza. Mefistófeles. Estáis en buen camino, pero es necesario no dejaros distraer. El estudiante. En él estoy en cuerpo y alma; con todo, procurareme la libertad posible y algunas horas de ocio en esos hermosos días de fiesta del verano. Mefistófeles. Aprovechad el tiempo. ¡Pasa tan pronto! Pero el método os enseñará a ganarlo. Así, pues, mi buen amigo, ante todo os aconsejo un curso de lógica, que es la que ha de dirigir vuestro espíritu; la lógica le calzará estrechos borceguíes, para que ande derecho y con circunspección por el camino del pensamiento y no se extravíe como un fuego fatuo en el espacio. Luego se os enseñará durante muchos días, que aun para las cosas más sencillas, y que haríais en un abrir y cerrar de ojos, como beber y comer, es absolutamente indispensable obrar con método y por tiempos. Y en efecto, sucede con el pensamiento lo que con un telar, en el que basta un solo esfuerzo para poner en juego millares de hilos, donde la lanzadera corre sin cesar y al deslizarse se escurren los hilos invisibles y a la vez se forman mil nudos. Viene también el filósofo y os demuestra que debe ser de aquel modo: lo primero es esto y lo segundo es aquello; luego lo tercero y lo cuarto debe ser lo otro, y sin lo primero y lo segundo, nunca hubiera existido lo tercero y lo cuarto. Los estudiantes de todos los países, a pesar de comprenderlo así, nunca llegan a ser tejedores. Si se quiere conocer y comprender algo importante, se empieza desde luego por hacer abstracción de la inteligencia: se dispone de todos los elementos, pero ¿cómo lograr el anhelado objeto si falta el lazo intelectual? La química llama a eso Encheiresin naturae, y sin pensarlo se burla de sí propia. El estudiante. No os comprendo bien. Mefistófeles. Lo comprenderéis mucho mejor cuando hayáis aprendido a deducirlo y calificarlo todo convenientemente. El estudiante. De tal modo me atolondra todo esto, que creo tener una rueda de molino en la cabeza. Mefistófeles. Y luego debéis, ante todo, dedicaros a la metafísica; en ella podréis profundizar todo lo que no es dado comprender a la inteligencia humana, y por todo lo que pertenezca o deje de pertenecer a ella recurriréis a una palabra científica. Para este primer curso disponed vuestro tiempo lo más regularmente posible; tendréis cinco clases diarias, acudid a ellas a la primera campanada, debidamente preparado, sin dejar de saber todos los párrafos de vuestra lección, a fin de que nada dejéis que no se encuentre en el libro; con todo, podréis escribir como si el Espíritu Santo os dictase. El estudiante. No será necesario que me lo repitáis dos veces, por estar muy convencido de lo útil que debe serme; además, nada iguala el placer que uno siente cuando ha pintado lo blanco de negro. Mefistófeles. Así, pues, elegid una carrera.El estudiante. No puedo acostumbrarme al estudio del derecho. Mefistófeles. Lejos de mí la idea de reprenderos por ello, pues demasiado sé lo que es aquella ciencia. Las leyes y los derechos se suceden como una eterna enfermedad y se les ve pasar de generación en generación y arrastrarse sordamente de un punto a otro: la razón se convierte en locura, y el beneficio en tormento. ¡Desdichado de ti, de tus padres, por no tratarse nunca del derecho que nació con nosotros! El estudiante. Aumentáis aún la repugnancia que sentía por aquella ciencia. ¡Ah! ¡Dichoso a que sea instruido por vos! Casi estoy por estudiar teología. Mefistófeles. No quisiera que os atrevieseis, por que es en esta ciencia muy fácil extraviar la senda que se debe seguir, en cuyo caso no habría para vuestro mal remedio alguno. Lo mejor que debe hacerse en materia tan delicada en no escuchar más que a uno solo, y afirmar por la palabra del maestro. En suma... ateneos a las palabras si deseáis llegar con pie firme y seguro al templo de la verdad. El estudiante. Sin embargo, toda palabra debe contener siempre una idea. Mefistófeles. Según, pero no debe uno inquietarse mucho por esto, porque cuando faltan ideas, hay palabras que pueden sustituirlas; con ellas puede discutirse enérgicamente, y hasta con ellas erigirse un sistema. Como son las palabras tan fácilmente creídas, no se borraría de ella ni una coma. El estudiante. Dispensadme el que os interrumpa con mis preguntas, pues tengo aún que molestaros. ¿No podríais decirme algo acerca de la medicina? ¡ Tres años pronto se pasan, y es, por otra parte, tan vasto el campo que ofrece! Aun cuando no sea más que un dedo el que nos señala el camino, se siente uno animado para seguir adelante. Mefistófeles (parte.) Este tono magistral ya empieza a fastidiarme: adoptemos nuevamente el papel del diablo. (En voz alta.) El espíritu de la medicina puede comprenderse fácilmente; estudiad bien el grande y pequeño mundo, para dejarlos ir al fin donde Dios mejor quiera. En vano intentaríais profundizar la ciencia, puesto que sólo aprende cada cual lo que logra aprender; sólo las circunstancias, o mejor dicho, el saber aprovechar la ocasión, puede haceros grande hombre. Vos tenéis buena traza, y me parecéis además bastante aventurero; así que, basta que tengáis confianza en vos mismo, para que no os falte de los demás. Sobre todo, dedicaos a la curación de las mujeres; esos eternos dolores mil veces repetidos se curan todos por un mismo tratamiento, y con tal que seáis con ellas respetuoso a medias, las dominaréis por completo. Basta un título para atraer su confianza y convencerlas de que nuestra ciencia excede con mucho a todas las demás; podréis entonces permitiros ciertas cosas que apenas lograrían otros después de años enteros de adulación y de lisonja: tomadlas luego el pulso, dirigiéndolas al propio tiempo una ardiente mirada, y pasad luego el brazo en derredor de su esbelto talle, como por ver si el corsé les aprieta demasiado. El estudiante. Eso me parece ya mucho más claro, pues al menos se ve aquí el fin y el medio. Mefistófeles. Mi querido amigo, toda teoría es tan seca como verde y lozano es el árbol de la vida. El estudiante. Os juro que todo esto se me antoja un sueño. ¿Me atreveré a importunaros de nuevo sólo por oíros y aprovecharme de vuestra ciencia? Mefistófeles. Podéis contar siempre con todo lo que de mí dependa. El estudiante. No puedo ausentarme sin presentaros antes mi álbum: dignaos concederme una línea. Mefistófeles. Con mucho gusto. (Escribe y le devuelve el álbum.)El estudiante (lee.) Eristis sicut Deus, Scientes bonum et malum. (Cierra el álbum con respeto, saluda y se retira.) Mefistófeles. Sólo falta que practiques la vieja sentencia de mi prima la serpiente, para que tu semejanza con Dios te atormente algún día.
J.W. Goethe, Fausto.
Biblioteca virtual universal, Editorial del cardo.
J.W. Goethe, Fausto.
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