Entradas

La gallina degollada.

Imagen
Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini–Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta. El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida. Otras veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día...

¡Arde,bruja,arde!

Imagen
                       Capítulo 8   El Diario de la enfermera Walters (Pag.55-62) Abrí el libro. Lo que sigue son las partes que guardan relación con la materia que nos ocupan. 3 NOV. Extraña experiencia la de hoy. Bajé a Batten Park para ver los nuevos peces del Acuario. Tenía cerca de una hora y la pasé merodeando por las callejuelas viejas, buscando algo para llevarle a Diana. Encontré la más insólita de las tiendas. Se veía rara y antigua, pero tenía en el escaparate algunas de las muñecas y también de los vestidos de muñecas más bonitos que jamás había visto. Me quedé mirándola y me puse a fisgar la tienda a través del cristal. Había una chica en la tienda. Me daba la espalda. Se volvió rápidamente y me miró. Me dio un susto de lo más espantoso. Tenía la cara blanca, sin color alguno, y los ojos abiertos como platos, como asustada. Tenía una gran mata de cabellos, todos rubio ceniza, amontonados en la cabeza. Me par...

El extranjero.

Imagen
             Segunda parte                            I (Pag.20-22) Inmediatamente después de mi arresto fui interrogado varias veces. Pero se trataba de interrogatorios de identificación que no duraron largo tiempo. La primera vez el asunto pareció no interesar a nadie en la comisaría. Por el contrario, ocho días después el juez de instrucción me miró con curiosidad. Pero me preguntó, para empezar, solamente mi nombre y dirección, mi profesión, la fecha y el lugar de nacimiento. Luego quiso saber si había elegido abogado. Reconocí que no, y simplemente por saber, le pregunté si era absolutamente necesario tener uno. «¿Por qué?» dijo. Le contesté que encontraba el asunto muy simple. Sonrió y dijo: «Es una opinión. Sin embargo, ahí está la ley. Si no elige usted abogado nosotros designaremos uno de oficio.» Me pareció muy cómodo que la justicia se encargara de esos detalles. Se...

El Perfume.Historia de un asesino.

Imagen
8.                        (Pags.40-47). El 1 de septiembre de 1753, aniversario de la ascensión al trono del rey, en el Pont Royal de la ciudad de París se encendió un castillo de fuegos artificiales. No fueron tan espectaculares como los de la boda del rey ni como los legendarios fuegos de artificio con motivo del nacimiento del Delfín, pero no por ello dejaron de ser impresionantes. Se habían montado ruedas solares en los mástiles de los buques y desde el puente caían al río lluvias de estrellas procedentes de los llamados toros de fuego. Y mientras tanto, en medio de un ruido ensordecedor, estallaban petardos y por el empedrado saltaban los buscapiés y centenares de cohetes se elevaban hacia el cielo, pintando lirios blancos en el firmamento negro. Una muchedumbre de muchos miles de personas, congregada en el puente y en los "quais" de ambas orillas del río, acompañaba el espectáculo con entusiasmados "ahs", "ohs", "bravos...

Fausto.

Imagen
(Entra un estudiante) El estudiante. Acabo de llegar y me presento humilde para conocer y hablar con un hombre que excita el respeto y la admiración general. Mefistófeles. Me complace en gran manera vuestra cortesía; sólo veréis en mí a un hombre como cualquier otro. ¿Son muchos vuestros estudios? El estudiante. Vengo a pediros que os encarguéis de mí; estoy animado de la mejor voluntad, y tengo algún dinero y mucha salud, y sólo a duras penas ha consentido mi madre en que me ausentase de ella; pero mi deseo de aprender aquí algo útil ha vencido todos los obstáculos. Mefistófeles. No podíais elegir mejor sitio.El estudiante. Pues en verdad quisiera ya retirarme, porque no tienen para mí estos muros y estas salas atractivo alguno; hay, además, un espacio muy pequeño, y no se descubre desde él ni un solo árbol, y puedo afirmar que en esta sala y en estos bancos perdería el oído, la vista y el pensamiento. Mefistófeles. Todo depende del hábito. Tampoco el niño toma en un principio de bue...

El halcón.

Imagen
(Pags.29-33) Hace tiempo, vivía en Florencia un joven llamado Federico Alberighi,hijo de micer Felipe Alberighi;con el que ningún otro muchacho de la nobleza toscana podía competir en porté gentil y cortesía. El cuál, como suele ocurrir con los jóvenes de su edad y condición se enamoró de una dama de nobleza llamada Juana,quien por esos tiempos era una de las mujeres más hermosas y amables de Florencia.Todo cuánto Federico podía hacer para conquistar el amor de ella lo hizo;en fiestas,en torneos,en magníficos regalos gastó todos sus recursos sin moderación; pero monna*(18), Juana que no era menos honesta que bella,no se dio por enterada de tales cortesías ni prestó por ello mayor atención a quien los hacía. Siguió Federico gastando su fortuna sin conseguir nada,hasta el punto de que enseguida sus riquezas escasearon y él se volvió pobre,sin más bienes que una pequeña finca rural cuyas rentas apenas si le alcanzaban para vivir, y un espléndido halcón que era el único legado de sus r...